Devolver el fuego
Fechas: 27/04/2022-17/07/2022
Comisariado: Mónica Maneiro Jurjo
Artistas participantes: Alberto Carneiro, Enar de Dios Rodríguez, Dan Graham, Glenda León, Julia Llerena, Eva Lootz, Nacho Martín Silva, Mireya Masó, Rosell Meseguer, Ding Musa, Lois Patiño, Keke Vilabelda
Lugar: Centro de Cultura Contemporánea Condeduque. Madrid. Festival Madblue
“Haciendo quemar los miembros cubiertos de grasa y el largo lomo, encaminé a los mortales a un arte difícil de entender y revelé los signos de la llama que antes eran oscuros. Tal es mi obra. Y los recursos escondidos a los hombres debajo de la tierra, bronce, hierro, plata, oro, ¿quién podría preciarse de haberlos descubierto antes que yo? Nadie, lo sé bien, a menos que quiera hablar en vano. En una palabra, sabe todo a la vez: todas las artes para los mortales proceden de Prometeo.” Prometeo encadenado. Esquilo
En la mitología griega, Prometeo es el Titán que desafía a los dioses. Creador de la humanidad, roba para esta el fuego que Zeus les habían negado; la energía primigenia domesticada que permitió el avance de las civilizaciones y el desarrollo del conocimiento científico y las artes. Es el gran benefactor, la figura mítica que dotó al hombre de las herramientas fundamentales para conseguir aquello que en la edad moderna se definió como progreso.
El fuego surge de una reacción química y es fuente de luz y calor. Naturalmente es producido por combustión y en la naturaleza se da de manera espontánea. Para que se origine es necesaria una gran cantidad de energía liberada rapidamente. Hace unos 800.000 años, el control del fuego nos permitió tener una fuente de energía que no nos hiciera dependientes de la energía del sol, la cual aún no podíamos acumular. El final del día, significaba el final de la actividad en casi todos los ámbitos de la vida. El dominio del fuego nos posibilitó calentarnos y tener luz, así como fundir metales para hacer herramientas. Más tarde, ese mismo fuego que aplicábamos a la madera pasamos a aplicarlo al carbón, que se convirtió en nuestra principal fuente de energía hasta pasada la mitad del siglo XX y que aún lo sigue siendo en muchos países. A finales del siglo XVIII la máquina de vapor de James Watt posibilitó el avance del transporte en barco y en ferrocarril favoreciendo el crecimiento de las ciudades. Más tarde, esos mismos motores de vapor se accionaron con barras de material radioactivo en las plantas de energía nuclear y en el presente la energía geotérmica sigue usando el vapor generado por el calor que desprende el núcleo de la Tierra y las plantas de energía solar térmica también pueden funcionar con turbinas de vapor.
En 1876 los motores de combustión interna hicieron su aparición y con ellos la industria del petróleo inicia sus primeras prospecciones. Casi a la vez, surge la primera energía limpia, la eléctrica, que nos permitió por primera vez prescindir del fuego para alumbrar las ciudades y también la aparición de aparatos electrónicos.
Hoy en día el fenómeno de combustión que provocamos en nuestra búsqueda de la energía hace peligrar nuestro planeta. Las emisiones de carbono no dejan de aumentar y el cambio climático es algo que ya está aquí y que debemos intentar revertir.
Para MadBlue la aportación de los artistas se vuelve clave para servirnos como hoja de ruta en este nuevo camino. MadBlue asume y comparte la capacidad regeneradora de la cultura, quiere poner al alcance de todas y todos los ciudadanos las visiones, a veces simbólicas, a veces analíticas y también proféticas y señaladoras del arte, para deslizarnos en un recorrido en el que la imagen se vuelve elemento fundamental capaz de condensar ideas de lo que hemos sido, de lo que somos y de lo que queremos llegar a ser, teniendo como proyecto una visión de cambio que nos lleve a una nueva relación, más respetuosa, menos invasiva y depredadora con la Tierra y los Océanos. Las propuestas de los artistas en la exposición son múltiples y se construyen desde distintas perspectivas. Así, Keke Vilabelda con su pintura nos acerca a la mística del fuego como elemento, evocando su poder en relación con las fuerzas de la naturaleza, y Julia Llerena nos transporta a esos momentos ancestrales en los que la presencia y uso de materiales como el barro mostraban un inicio en el proceso de civilización, en la relación con el cuerpo y los objetos. Rosell Meseguer nos lleva al análisis de nuestra relación con el mundo mineral, con el carbón y las tierras raras, elementos naturales sin los que no serían posibles nuestras formas de vida actuales y para los que tenemos que establecer nuevas pautas de uso si queremos que nuestro planeta siga albergándonos tal y como lo conocemos. Dan Graham por su parte, nos deja ver a través de su obra la reinterpretación de las propuestas de la arquitectura moderna, que supuso un cúmulo de ejercicios de integración del espacio natural en la arquitectura y del espacio arquitectónico en la naturaleza. Por su parte la escultura de Alberto Carneiro nos sugiere un jardín truncado desde el que pensar nuestra acción destructiva sobre el medio, pero también nuestra relación más ancestral, más espiritual, nuestra marca de presencia en la Tierra, lo mismo que Eva Lootz con su rama caída. Paula Masedo nos lleva a una escultura en la que se nos recuerdan los modos de producción industrial en la época contemporánea a través de los materiales y las formas.
Las obras de Nacho Martín Silva, creadas ex profeso para la exposición, y las de Ding Musa, nos invitan a hacer una reflexión sobre la belleza y el paisaje, sobre lo que no se ve, a través de la imagen que esconde el desastre causado por la producción de desperdicios humanos y la polución, que nos ha de llevar a encontrar una nueva manera de relacionarnos con el planeta, con la energía que generamos, con el mundo que queremos empezar a pensar y crear a partir de ahora.
Por último, una parte importante de las obras de la exposición, como no podía ser de otra manera en el marco de MadBlue, tiene a los océanos como protagonistas. Así, Mireya Massó nos habla a través de su proyecto de la sublime belleza de la Antártida para recordarnos que debemos anclarnos a la esperanza de la conservación de estos paisajes donde el hielo y el mar se unen. Lois Patiño nos sume en las profundidades del océano y nos coloca en el punto de vista del ser humano que contempla y no actúa, que es capaz de entender la magnificencia de lo que la superficie del agua esconde y, por último, Enar de Dios Rodríguez nos lleva a través de su película, a conocer el interés actual y los intereses económicos que están detrás del nuevo interés por la cartografía marina.
Es el momento de devolver el fuego, y hacer una apuesta clara por otras fuentes de energía, como el gas natural, la energía solar y la energía eólica. Pero sobre todo, es el momento de hacer una pausa, volver al momento en que Prometeo creó al hombre y tomar otro camino de desarrollo, con menos consumo energético, con menos plástico, con menos uso de minerales y tierras raras en nuestras tecnologías, con más control de la biodiversidad y empezar de nuevo, en contacto consciente con la Tierra y los Océanos.
Mónica Maneiro Jurjo








